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David

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The Earth Realm

El reino de la tierra, vivido en la ruta
August 26

Moñitos 2007

Moñitos 2007

 

Como siempre, pero sin atreverme a categorizarlo como cliché, el viaje comienza un par de días antes de emprender camino: la ansiedad que acompaña el diario vivir se hace, con cada hora, más y más evidente, hasta que por fin la noche anterior a la madrugada, llega. Horas de poco y entrecortado sueño, pensando, esperando, esta vez con un ingrediente adicional: viajaría acompañado de otras 11 motos, pero solo.

 

Sábado 18 de agosto de 2007:

En medio de la noche despierto, y afuera un torrencial aguacero que presagia nuestra salida. Concilio de nuevo el sueño como puedo, y duermo hasta que suena el despertador, a las 5 a.m.; la lluvia no ha desaparecido, pero la duda que acarrea no es lo suficientemente disuasiva, y el propósito sigue firme.

Tras alistarme, salgo a darle los últimos toques de mantenimiento a mi hermosa Zuli, y a montar el equipaje en ella: todo cupo en el maletero, y hasta sobró espacio. No hubo necesidad de alforjas apretadas ni de amarres externos para cargar con todo lo necesario…

Haciendo tiempo para que escampara se me hizo tarde. Sin embargo, al llegar a la estación de servicio de Industriales, todos estaban aún allí. Reposté sin ningún inconveniente, me equipé con el intercomunicador y quedé listo para arrancar. Cuadramos frecuencias, prueba de comunicación y el paseo comenzó ahora si.

Más adelante, luego del puente de Colombia nos detuvimos a esperar a Arcila, que sorprendentemente tampoco había llegado. Se suponía estaba a un par de cuadras, pero lo esperamos por más de quince minutos… Nuestra salida se había retrasado por espacio de casi una hora.

Bajo una lluvia leve tomamos la vía al norte, bastante transitada a esa hora. Nuestra salida de la ciudad, aún más retrasada. Finalmente salimos del área urbana y comenzamos a subir Matasanos con extremada precaución por la peligrosísima mezcla de asfalto, agua y aceite. Sin ningún percance y con suma precaución pasaríamos por Don Matías y Santa Rosa. Para cuando llegamos a Yarumal ya la lluvia había amainado , los Llanos de Cuibá, y no nos detendríamos hasta Mina Vieja, alrededor de 3 horas después, donde nos esperaban unas arepitas del tamaño de un LP, que a más de uno le quedó grande, y una mantequilla natural que por sus propiedades, perfectamente bien haría las veces de lubricante para el kit de arrastre. A más de uno le quedó grande.

Para cuando el desayuno terminó la carretera estaba prácticamente seca. Ver por fin el solecito nos dio aún mucho más ánimos. Nos alistamos y emprendimos de nuevo el viaje. Lo que nos esperaba era un Ventanas despejado, con un paisaje espectacular, pero una carretera, como es usual, vuelta nada. Bajamos con muchísima precaución, esquivando huecos, pavimentos rayados y demás peligros típicos de la zona. Sin novedad llegamos a Puerto Valdivia, donde nos detuvimos unos minutos a recargar de liquido nuestros cuerpos; el calor ya comenzaba hacerse sentir.

Después de la cortita parada seguimos, ahora sobre una carretera mucho más placentera de manejar: curvas abiertas, un poquito de calorcito, y mucho acelerador para nuestras monturas. En la vía repostamos de nuevo, alrededor de medio tanque.

Sin descanso pasamos por Caucasia, y no nos detuvimos hasta Planeta Rica, donde almorzaríamos alrededor de las 2 de la tarde. El trayecto que faltaba todavía era largo. Por poco, estábamos desfasados en el “optimista” pronóstico de John Arcila. Ya el medio día se veía pasado por mucho. De cualquier manera, ¡520 Km no son cualquier cosita!

En Montería, por culpa de los semáforos, el grupo se fraccionó, pero más adelante nos reagrupamos sin inconvenientes. Durante todo el trayecto se apreciaban las inundaciones a lado y lado de la carretera. Por poco y nos toca convertir nuestras motos en motos acuáticas.

En Lorica nos despedimos de uno de nuestros acompañantes, que se dirigía hacia Coveñas. De ahí en adelante, el camino hacia San Bernardo fue algo tortuoso. Huecos, desniveles, rizados, suciedad, piedras, destapados, fosas comunes, etc. Todo junto, por miles en dos carriles. Por fortuna, salimos ilesos, o bueno, casi… el rin delantero de mi amada Zuli sufrió un pequeño dobladito, que afortunadamente no fue más grande ni me causo problemas en el resto del viaje.

Al llegar a San Bernardo, al igual que en todas las otras pequeñas poblaciones por las que pasamos se notaba de inmediato la época del año en que nos encontramos: elecciones. Por todas partes afiches, vallas, pancartas y políticos haciendo proselitismo, para ganar el favor de su pueblo… votos por ladrillos, por sancochos y cosas por el estilo. Lo más triste es que todos aparecen solo por esta época. Pero bueno, no se debe hablar a la mesa ni de política, ni de sexo ni de religión para no indisponer a ninguno de los comensales.

Luego de darnos el shampoo por el pueblo, porque no sabíamos por dónde era el camino, emprendimos la etapa final del camino: la ruta hacia Moñitos. La vía, perfecta, de no ser por los puentes a los que les robaron medio carril. De pronto la carretera se hacía media en cada puentecito, pero nada que mucha precaución no permita adelantar. En el medio de la nada, el pavimento se acabó, y comenzaba el sufrimiento generalizado. Por fortuna, desde el día anterior no había llovido, entonces las áreas pantanosas eran mínimas. Con mucha cautela procedió el grupo, y todos llegamos invictos. El peor susto fue un busero demente, que pasó como chiflado por el lado de nosotros, con ese bus resbalándose, pero bueno; no podía faltar el atarván.

Finalmente vimos el tan anhelado letrero, a eso de las 5 de la tarde: Rancherío Shangai, y una flecha que indicaba la dirección a seguir. Al fondo por fin podía verse el mar, inmenso, hermoso en su grandeza, único, admirable… tan pacífico y tan poderoso. Una vista siempre deseable, admirable e impresionante.

Nuestro destino estaba a la vuelta de la esquina. Nos dieron una gran recepción, con cóctel de bienvenida. Solo faltó el recibimiento de los compañeros que habían emprendido el viaje el día anterior. Luego comprendimos su desazón: dos de las tres motos se habían caído. Habían entrado en medio del torrencial aguacero, y sufrieron las consecuencias, pero, ¡así es la vida! A muchos ya nos tocó en el Valle del Cocora.

Luego de acomodarnos, por supuesto, no faltó el psicorígido que, en el camino, venía inquieto por el sonido de la cadena, por el traqueteo de la suspensión, ¡en fin! N-mil ruidos, muchos existentes solo en la fantasía del psicótico, que pueden escucharse y que por la longitud del viaje, el agua y la suciedad resultan más que naturales. Éstos individuos no pudieron encontrar la tranquilidad sin antes darle una juagadita a la moto; ¡imposible conciliar el sueño cuando tu montura está embadurnada en la suciedad de un viaje de más de 500 Km! Y es larga la lista de sujetos… (¡no me incluyo! ¿eh?)

Tras refrescarnos, desempacar y organizarlo todo, nos dispusimos a contemplar el atardecer. Fue un espectáculo ensoñador, que prácticamente nunca se disfruta desde lo contaminado de la ciudad. La confirmación de que estábamos de paseo, relajados, sin pensar en nada de lo cotidiano, en nada de la ciudad, del estrés, y todo lo que agobia nuestras vidas. La placidez de la naturaleza podía respirarse.

Habiendo terminado el espectáculo, nos dirigimos hacia el restaurante para disfrutar de un filete de pescado excelentemente preparado (sépase que el pescado no está entre mis preferencias a la hora de comer). Cuando de encontrar mesa se trató, los pilotos solitarios nos vimos deambulando por todo el restaurante, cual parias; habíamos sido desbancados, pero al final logramos acomodarnos para disfrutar tranquilamente de nuestra suculenta cena. Todo estaba absolutamente delicioso.

Habiendo pues finiquitado la comida nocturna, y teniendo en cuenta la cortísima naturaleza de nuestra estadía en tan paradisíaco lugar, esa era la noche indicada para la juerga; ¡ahora o nunca! Y en efecto, así fue.

Por parte del hotel había preparada una fogata en la playa, con un conjunto vallenato, que aunque algo desanimados y desafinados nos acompañaron por cerca de hora y media. Entre trago y trago, fotos y motos, la noche fue transcurriendo. No se de quién fue la idea, pero todos maldijimos la existencia de las linternitas que servían solo para alumbrar a la cara de cualquier desprevenido, con el pretexto se saber si sí era la persona que se creía. El caso es que la guerra del deslumbre se tornó intensa; inclusive participaron los flashes de nuestras cámaras (con bastante ventaja al encandilar, por supuesto). Más tardecito no nos perdimos la magnífica puesta de luna, de la que estuve pendiente desde nuestra llegada. Al rato, nos entramos para la terraza del hotel. Un ambiente de maravilla: aire marino, tibio, música apropiada y amigos de ruta. Departimos hasta tarde en la noche, incansablemente parecíamos solo pedirle hielo al mesero, y más de uno bebió de más. Entre esos, el entusiasta, John Alzate no se quería ir a dormir tan temprano. A las 2:30 a.m. prefirió prolongar el ritmo de la noche, y se fue a seguir con su farra sui-generis en la playa hasta las 5 a.m. (según nos enteramos al otro día). Para entonces, ya el día contaba como otro.

 

Domingo, 19 de agosto de 2007:

El desayuno fue temprano. Muchos estaban expectantes de viajar en lancha hasta Isla Fuerte, pero luego de escuchar las recomendaciones del dueño del hotel respecto del viaje, prácticamente todos desistieron. El entusiasta de la noche anterior casi no se levanta. De no ser por sus compañeros de habitación se hubiera quedado sin desayuno, lo cual resultaría fatal para el guayabo que debía estar experimentando.

Inmediatamente nos dirigimos hacia la playa, decididos a no hacer nada. El sol nos acompañó durante toda la mañana. Departiendo y riendo el tiempo se fue. Al medio día, decidimos sacar nuestras motos hasta la playa, para hacer una sesión fotográfica. El más animado fue Mauricio, que por ponerse a descrestar a su chica terminó haciendo la demostración de cómo enseñarle a la moto a hacerse la muerta. Todo con testimonio fotográfico, por supuesto. Fotos van, fotos vienen. Incluso la montura de una de las empleadas del hotel quedó registrada como parte del grupo. Flamante máquina creada por la naturaleza, de 1 DP de potencia (Donkey Power). Y el sol inclemente que no perdona ni estar a la sombra; adquirí un hermoso bronceado estilo camionero, y ni que decir las piernas. Como dice el adagio: puedes correr, pero no puedes ocultarte. Las fotos que logramos quedaron de exposición. Al final, es lo único que atesoramos; los buenos recuerdos, la experiencia y las fotos.

Antes de entrarnos a comer, llevamos de regreso al sitio de parqueo nuestras motos, para cuidarlas del sol y la arena.

El almuerzo no decepcionó. Una vez más, para mi desgracia, pescado, pero esta vez entero. Sin embargo, no tuve el menor inconveniente en comérmelo, ¡y hasta en disfrutarlo! En el mar la vida es más sabrosa, y la comida también.

Posteriormente, después de los tintitos reglamentarios para bajar la comida y evitar la somnolencia vespertina, nos pusimos a jugar cartas con un mazo que Carlos Medina había ido a comprar al pueblo en la mañana. Dramáticamente nos enteramos que en el grupo hay más de un tahúr degenerado por las apuestas, pero fuimos más los que nos negamos a participar de esa práctica viciosa (jeje). Al final, solo jugamos por jugar.

Muchos tomaron una siesta luego del almuerzo (casualmente los que iban acompañados). Cuando fueron saliendo de sus guaridas, nos sentamos de nuevo en la terraza del hotel, para pasar la tarde haciendo nada más que hablar de todo cuanto tema se atravesara, en compañía de uno que otro roncito.

El sol fue cayendo con la tarde, y una vez más había llegado el momento de sacar nuestras motos para tomar fotos. Ésta vez no todos se animaron, pero todos si querían salir en la foto. El caso es que nadie se quedó sin ser fotografiado, sin importar que la moto fuera ajena. Luego de una larga sesión fotográfica y de soportar largos periodos de obturación intentando lograr lo mejor de la tenue luz del atardecer, una vez más nos dispusimos a entrar nuestras motos, para seguir disfrutando, primero de la comida y luego de la noche. Mientras las entrábamos, Tachito accedió a montar de pasajero al cucarrón mierdero (John Alzate), y sucedió lo que tenía que suceder: al suelo. Nada más que el susto, pero, más que confirmadas las habilidades de John Alzate.

Esta vez la cena fue al aire libre. Las mesas en la manga, de techo el cielo estrellado, al ambiente de la parrilla. Una vez más, absolutamente deliciosa la experiencia de alimentarnos.

Terminada la cena, una vez más fuimos por nuestro territorio: la terraza del hotel. Muy comedidamente pedimos que nos apagaran todas las luces del hotel, y así poder apreciar un espectáculo, para mi, nunca antes visto. Cielos estrellados existieron para mi, pero no con tal intensidad. La cantidad de astros celestes era increíble. Estrellas fugaces por montones, y con cada una un deseo… La vía láctea podía apreciarse en su inmensidad. La noche transcurrió con la cabeza recostada sobre el espaldar de la silla; mente y cuerpo hipnotizados naturalmente. Solo un ingrediente faltó para entonces.

Esperando de nuevo por la luna, no nos percatamos de las nubes que cubrían el horizonte, y esta vez, su puesta se vio opacada por un fenómeno terrestre, pero igual, disfrutamos el ir a la playa en total oscuridad. A lo lejos se apreciaba una relampagueante tormenta, que rogábamos se quedara a lo lejos.

Alrededor de las 10 de la noche todos nos fuimos despidiendo. El día siguiente sería de cansancio y exigiría mucha resistencia de nuestras partes para llegar de nuevo a la vida común, al día a día.

 

Lunes 20 de agosto de 2007

Tipo 6 a.m. comenzamos a despertarnos. Luego de organizarnos y terminar de empacar nuestras pertenencias, y con la novedad de corroborar que durante el transcurso de la noche no había llovido, nos dispusimos a desayunar. El cielo estaba gris, y la cosa no pintaba bien. Un leve rocío en el ambiente nos hizo apurar, pero no fue más que una señal para acosarnos. El grupo se dividió en dos para la salida. En el medio, arranqué yo. Quería disfrutar y ensayar la carretera despavimentada. De pie casi todo el trayecto, en un dos por tres alcancé al primer grupo, que había acabado de llegar a la parte pavimentada de la carretera. Una delicia el recorrido destapado, aunque duró poco.

En la primera estación de servicio que encontramos en San Bernardo, todos repostamos. De ahí el trayecto se estiraría hasta Montería. La parada sirvió para calzar impermeables y reagrupar al grupo. En adelante, lo que nos esperaba sería lluvia y rectas. Por fortuna, el recorrido sobre mojado no fue mucho, el sol salió a acompañarnos y pudimos poner sexta a fondo en las rectas hacia Caucasia, promediando los 200 Km/h. Una vez allí, comenzamos a pensar dónde almorzaríamos. Todavía no era medio día, entonces, solo repostamos y seguimos, luego de reagruparnos de nuevo.

Un poco más adelante nos detendríamos, en Tarazá, para nuestro almuerzo. Estirarnos y rehidratarnos cayó de maravilla. Un tintico luego del almuerzo, más lubricante para las cadenas y arrancamos, con el grupo ya bastante fraccionado. Prácticamente anduvimos en subgrupos de a 3 (por lo menos nosotros). Así que la subida a Ventanas la hice con Chalo y Tachito. Subimos a un ritmo excelente, delicioso a pesar de los huecos y desniveles propios de la carretera.

Pasando por los llanos de Cuibá, nuevamente el torrencial aguacero. Con mucha precaución y los impermeables puestos nuevamente nos agrupamos una vez más. Las goteras sonaban como rocas en nuestros cascos.

Tras pasar Yarumal había ya escampado, y la carretera se veía seca, pero ¡oh, sorpresa! La curva siguiente estaba mojada, y la siguiente seca, y la siguiente mojada, hasta que dejamos de entusiasmarnos por ver pavimento seco. Y aunque luego si fue verdad, ya no le creíamos.

En Santa Rosa de Osos nos detuvimos a darnos la penúltima estiradita del viaje, y a comprar cositas para llevar a quienes nos esperan en casa. Tomamos alguito y en cuestión de 20 minutos, retomamos carretera de nuevo. Esta vez Mauricio no paró. Iba como bravo porque quedó relegado a la cola (¡me imagino! Jeje). Cuando salíamos del establecimiento, llegaron don Santiago y John Alzate, que venían muy a su ritmo.

El atardecer nos alcanzó bajando el alto de Matasanos, y el trancón de autos a la entrada de la ciudad nos retrasó un poco. Con mucha precaución avanzamos entre las interminables filas de carros, hasta llegar, aún de día, al Éxito de Niquía. Allí tomaríamos las últimas fotos del paseo y nuestros caminos se separarían.

Con la fatiga a flor de piel el último trayecto hasta casa parece interminable, pero ya el terreno es conocido. A pesar del cansancio corporal, he regresado con un corazón renovado, y un alma enriquecida, más grande en experiencia y con muchos más recuerdos. Y aunque el dolor no se haya disipado, aunque solo haya tomado otro lugar, o solo se haya hecho más profundo, vengo decidido a seguir viviendo, para ver muchos más horizontes al lado de mi fiel compañera.

July 21

Harley Davidson

Harley Davidson: the most efficient way to turn fuel into noise without the side effect of horsepower.
July 05

III Encuentro Suzuki de Motos de Alto Cilindraje

III Encuentro Suzuki de Motos de Alto Cilindraje
Guadalajara de Buga. Junio 23-26
 
 
El evento se llevó a cabo en la ciudad de Guadalajara de Buga, ubicada en el departamento del Valle del Cauca. Asistieron grupos de todas las regiones del país, incluso de Venezuela y Ecuador. Fue un fin de semana fantástico.
 

Viernes, 23 de Junio de 2006:
 
Un difícil despertar, pues la noche anterior estuvo cargada de pura ansiedad, con el consiguiente desvelo. Ansiedad por arrancar, por comenzar el viaje, por disfrutarlo. Ansiedad por que fuera viernes... Ansiedad que acompañó la alistada del equipaje, preparación de las alforjas y revisión final de la moto.
 
A las 08:00 comenzamos a llegar al punto de encuentro. Al momento de mi arribo solo estaba Joselillo, que igualmente había acabado de llegar... Pensamos que nadie más vendría para arrancar a las 09:00, o peor aún, que nos habíamos equivocado de hora, o de lugar! Pero no... Luego llegaron Francisco, John, el otro John, Mauricio, Hertman, y el resto del grupo... en cuestión de minutos el parqueadero de la frontera estaba lleno de motos listas para emprender el viaje hacia Guadalajara de Buga!
 
Luego de ultimar detalles, hacer la prueba a los intercomunicadores, y darle una apretadita final a las alforjas arrancamos felices poco después de las 09:00.
 
Sin contar que subiendo a minas nos adelantó borrada una AX-100 el viaje no tuvo percance alguno, más que las paradas obligadas en los tramos del descenso de minas en que estaban repavimentando y solo había habilitado un carril. En total perdimos alrededor de 30 minutos (nos hubiera salido mejor irnos por Bolombolo). Lo más representativo fue la echada de perros de que fueron víctima algunos compañeros. Todavía no estoy bien enterado del cuento, pero bien por las nenas que dieron vía! jeje... como que tendré que poner mi número celular al frente de la moto y en los costados para publicitarme
 
Después de pasar por La Pintada nos detuvimos en Pipintá, donde el menú del día nos cayó de maravilla! Sufriendo un poco las consecuencias del desvelo y agravado por tan excelente almuerzo estuvimos unos 20 minutos reposando, para emprender de nuevo la travesía hacia tierras vallecaucanas.
 
Nuestra siguiente parada fue en La Manuela (partidas para Manizales y Pereira) donde repostamos y estiramos las piernas un ratito. Tomamos fotos, tomamos líquido y seguimos... No había tiempo que perder!
 
Llegando a Pereira cogimos el desvío extraño en que hay que dar una vuelta sinsentido para poder coger el viaducto... todavía me estoy preguntando, para qué esa vueltecita?
 
Más adelante comenzó una pequeña llovizna amenazante. Los más precavidos (Francisco, Joselillo y yo) hicimos una parada técnica para calzarnos los impermeables... después, llovió duro, pero no por largo rato... si mucho, unos 5 minutos de lluvia que solo sirvieron para empantanar nuestras flamantes monturas. Pero bueno, así es la vida!
 
Continuamos nuestro trayecto sin ninguna novedad (aparte de habernos detenido a quitarnos los impermeables, claro), y más adelante entramos en el departamento del Valle: paisajes únicos con montañas a lo lejos, carreteras en excelente estado y todo un disfrute al manejar.
 
Casi arribando a nuestro destino (a eso de las 16:30) nos detuvo la policía en un retén. No revisaron mayor cosa, pero preguntaron por el evento, admiraron nuestras motos y nos dieron la buena noticia que ya faltaba poco para que llegáramos. En este punto la fatiga empezaba a hacerse un poquito notoria.
 
En una de las partidas para Buga, a Múnera se le apagó su moto! y no fueron capaces de prenderla empujada, hasta que llegó Joselillo a empujar (Joselillo, tienes el secreto!). Superado el percance, continuamos nuestra ruta, unos 20 minutos, por la vía hacia Yocontó, población cerca de buga, y en una estación de servicio esperamos a uno de los guías del evento, que muy gentimente nos indicó el camino hacia nuestro hotel: Las Palmas.
 
Fueron unos 10 Km más hasta llegar al hotel. Una vez allí, experimentamos incertidumbre por el parqueo de nuestras adoradas, pero luego descansamos al ver que detrás del hotel había un gran parqueadero donde pasarían las noches nuestras fieles compañeras que sin queja alguna nos llevaron hasta el destino.
 
Después de registrarnos nos dirigimos a las habitaciones. Descargamos el equipaje y nos dispusimos para un merecido descanso. Touring Antioquia se puso de ruana la discoteca, junto con la piscina, y pasaron (en tercera persona) tremenda noche! Pero nadie fue capaz de ir a despertarme para la farra!... quedé fundido en la cama, hasta el otro día...
 

Sábado, 24 de Junio de 2006:
 
Amanece temprano y me aventuro a conocer la piscina del hotel. Avanzo hasta un callejón sin salida, y no veo forma alguna de pasar hacia la piscina, entonces, resignado me devuelvo a la habitación, a esperar que alguno de los "enguayabados" de la noche anterior se despierte... Mientras tanto, el desayuno. Luego me entero que el pasadizo (literalmente pasadizo) hacia la piscina está oculto en la esquina más alejada del sin-salida: es un oscuro y estrecho corredor que conduce a la parte de atrás del hotel, donde está ubicada la cancha de fútbol, la piscina y la discoteca, donde todavía es evidente el desorden de la noche anterior (jeje).
 
Nos disponemos a disfrutar del deslumbrante día que nos recibió y tomamos asiento en una sombrita, en la grama. Pero semejante banquete el que le dimos a los mosquitos, que no nos dejaron en paz ni un instante!
 
Agobiados por la picazón, nos tocó (obligados por las circunstancias, claro) meternos a la piscina... Y claro, cada que veíamos a alguien perteneciente al personal del hotel le rogábamos que prendiera el tobogán, pero necesitábamos por lo menos a 20 personas en la piscina para que nos complacieran. Después de mucho rogar y sol aguantar por fin nuestro sueño se hizo realidad: el tobogán fue encendido! pero solo por media hora... entonces, sacamos a relucir lo mejor de nuestra niñez. Emergió el gamín de Comfama que todos llevamos adentro y aprovechamos a más no poder la contada media hora que teníamos en la dicha del tobogán. Tan pronto llegábamos abajo subíamos corriendo las incontables escalas hacia la cima, para deslizarnos de nuevo. Ninguno salió ileso, pero como siempre, Joselillo como que limó los clavos salidos, porque fue el que más se dio. Ensayamos todas las posiciones para desarrollar más y más velocidad: que en bolita, que de espaldas, que con las manos atrás, etc. algunas con nefastos resultados... Al final, raspones en los codos, rayones en la espalda, chichones en la cabeza, en fin! todo tipo de heridas a que un buen gamín está sometido.
 
Al finalizar la media hora, seguimos departiendo al calor del sol, sumergidos en la frescura de la piscina... Esperando que prendieran el tobogán otra media horita. Los más gamines le dieron otra vez al deslizadero... pero ahora había más gente: niños peligrosamente despaciosos. Uno de ellos sufrió las consecuencias de ser arrollado por Joselillo (El efecto Indiana Jones) y los dos cayeron simultáneamente a la piscinita del tobogán. Al finalizar la segunda media hora, nos dirigimos a nuestras habitaciones a arreglarnos para ir hacia nuestro objetivo principal: El III Encuentro Suzuki de Motos de Alto Cilindraje!
 
Bañaditos y listos, luego del almuerzo nos dirigimos por nuestras motos, para arrancar hacia la Basílica del Señor Caido de Buga, donde reclamaríamos nuestros paquetes de la inscripción. Excelente el  habernos hecho notar con nuestras camisetas rojas de Touring Antioquia!
 
Entre los stand de los patrocinadores nos deleitamos con la vista de la GSR600 y la GSX-R mientras disfrutábamos de un raspado. Más tardecito rifamos para los del grupo unas camisetas, de las que me gané una.
 
Al montar de nuevo nuestras motos nos encontramos con la desagradable sorpresa de que el parqueo tenía un costo de $2000 por moto! Es decir, lo mismo que le cobran a un automovil, cuando en un solo espacio de auto caben 4 motos... Varios se rehusaron a pagar (y con justa razón), pero hicieron su Agosto ahí con nosotros...
 
Movimos las motocicletas hasta el atrio de la iglesia, donde nos dispusimos a recibir la misa campal que tomaría lugar ahí mismo en la plazoleta de la basílica. Finalizada la eucaristía nuestras motos recibieron la bendición del párroco de la basílica, junto con un baño en agua bendita. Nadie se quería quedar sin recibir aunque fuera una gota.
 
Después de salir de la plazoleta comenzó el tortuoso recorrido por las calles de Buga. Anduvimos demasiado despacio. Muchas motos comenzaron a recalentarse y el olorcito a clutch ya me estaba mareando. Uno de los nuestros sufrió las consecuencias, y su motocicleta se apagó ya llegando al punto de reunión: La Plazoleta El Trapiche, donde hicimos bulla que da gusto!
 
Como primera medida estuvo tanquear (nosotros, por supuesto) y pedimos pizza para todos... Luego con las dinámicas y los premios de los patrocinadores estuvimos arrolladores! Touring Antioquia barrió con todos los premios, y ni aún con todas las demás delegaciones en contra pudieron quitarnos el liderazgo!
 
Para el concurso de baile de reggaeton salieron 3 paisas y 1 bugueña. Las 2 primeras eliminadas fueron paisas, por regionalismos, por supuesto (el animador era caleño), pero luego de una dura competencia, de una gritería tremenda (hacíamos más bulla que el resto del país contra nosotros) y de finalmente poner en duda su inscripción (por la pinta tan zunguis que llevaba la vieja de buga, además que no tenía manilla) se corroboró lo sospechado: su acompañante no le pagó la inscripción (Amarraaado! Amarraaado!, quién sabe dónde la recogería! jeje) y así se perdió de una chaqueta en cordura. Gracias a Camilo por su labor fiscalizadora! Así, nos salimos con la nuestra, y Lina se ganó la chaqueta.
 
Con la garganta ronca, y la satisfacción de que ni todos contra nosotros pudieron, emprendimos el regreso al hotel. Aparcamos nuestras consentidas y nos dirigimos a tomar un merecido y satisfactorio descanso luego de un agitado día.
 

Domingo, 25 de Junio de 2006:
 
Un tanto disfónicos la despertada fue temprano. A las 08:00 estábamos desayunando y preparándonos para ir hacia el punto de encuentro: El Parador de Buga.
 
Pasadas las 09:30 prendimos motores hacia el lago Calima, por la carretera al mar. Lo único negativo del recorrido fueron algunos propietarios de motos sport, que irresponsablemente no solo adelantaban peligrosamente por la derecha, sino que pasaban volados por la izquierda, sin tener en cuenta que esto no era una competencia sino un paseo! Por allá uno de ellos como que se fue contra unos arbustos en una curva. No es bueno desear el mal ajeno, pero, ahí tiene pa' que aprenda!
 
Después de conocer el lago Calima, detenernos en "El Muro" y apreciar el Cañón del Río Bravo continuamos con nuestro recorrido.
 
En la plaza de Calima Darien aprovechamos para comernos un delicioso helado y refrescarnos alguito a la sombra, pero no fue mucho el tiempo que allí estuvimos. Continuamos nuestra ruta por la vía Jiguales para bajar de nuevo hasta Buga y entrar por una vía dentro del Ingenio Pichichi.
 
En el camino nos encontramos con un desafortunado bogotano que sufrió un insuceso: el guardacadena se le zafó, y tuvo que parar... Sus "amigos" lo dejaron botado (que amigos, no?) y nadie más tuvo la decencia de detenerse, excepto nosotros: los paisas, claro! Todos nos bajamos a ver en qué podíamos ayudar, y pudimos solucionarle el problema a nuestro compañero de ruta.
 
Luego de arrancar nuevamente, ahora fue Santiago Toro el del insuceso: un sucio en el ojo que supuestamente le había fracturado la córnea o desprendido la retina o algo sumamente grave! (según él, claro, pero bah). Andrés, Camilo, Hertman y yo estuvimos ahí para socorrerlo. Después de ser atendido en una ambulancia de los bomberos que nos encontramos en una parada de carretera el problema persistía. Se le echó gotas del botiquín (que seguridad de Touring Antioquia llevaba, o sea yo), pero nada... Manejamos lentamente hasta Buga, donde cuidadosamente buscamos el hospital para llevar al Santi por Urgencias... pero al llegar al hospital él mismo nos dijo: "A mi como que ya se me quitó".  Ah no mijo! uste' entra a ese hospital porque entra!!! Después de habernos hecho ir hasta allá? hmh... El caso es que no tenía nada, y a fin de cuentas no fue nada. Según estadísticas de Camilo Z, 4 de cada 5 salidas con Santiago terminan en el hospital... bueno saberlo, no? jajaja. Lo más triste fue que nos perdimos del recorrido por los cañaduzales, y del tan anhelado guarapo
 
Según contaron luego, el guarapo estuvo de fábula! Apenas para el calor tan tremendo que hacía... Y por allá como que también pusieron a empujar una moto a Joselillo, quien casi sucumbe ante semejante esfuerzo en conjunto con el abrasador calor... Pero lo que vale es que ayudamos a otro compañero de ruta desconocido.
 
Luego de abandonar el hospital cogimos camino hacia el municipio de Ginebra, donde tenía lugar el almuerzo que también casi nos perdemos. El tamal estuvo delicioso. Sufrieron los que pidieron sancocho de gallina, porque éste fue por etapas, de una hora cada una: primero la sopa (sin la consabida gallina) y luego el seco.
 
De debuenas John Toro hizo revisar su moto en el carro taller Suzuki, y sus pastas de frenos traseras ya estaban acabadas! Iba frenando con la parte metálica, y el disco estaba empezando a sufrir las consecuencias. Tocaba entonces quedarse esperando a que llegara el camión de Suzuki con las pastas para hacer el cambio por garantía. Todos se fueron, pero yo me quedé acompañando a John. Esperamos hasta las 17:30 (casi un par de horas). El cambio se hizo en un dos por tres y regresamos algo tarde al hotel. En la última glorieta antes de llegar creí haber tomado el camino errado (pero era el correcto) entonces nos devolvimos. Cogimos por otro lado y ese si que menos que era la ruta para el hotel, entonces, de nuevo tomamos la primera ruta y por fin, encontramos el hotel, casi con el tiempo justo para arreglarnos y salir de nuevo hacia Buga. Hace falta más confianza en tus conocimientos, David!
 
Arregladitos para la farra de despedida llegamos a Buga, a la discoteca Barra Montana. La discoteca, estrechísima para tanta gente, y al principio el ambiente estaba como apagado, tanto así que hasta pensamos más bien irnos para el hotel y armar nuestra propia farra en la piscina, con tan mala suerte que averiguamos y la disco del hotel estaba cerrada... pero a la final, no fue mala la suerte con que contamos. Nos quedamos para barrer de nuevo con casi todos los premios que dieron! Fue entonces cuando comenzamos a animarnos...
 
Joselillo se ganó un par de llantas para Freewind, por tener la moto más antigua. Don Jorge ganó por ser el piloto más antiguo (jeje). Todos nos ganamos 60 gorras de Suzuki, por reunir la mayor cantidad de artículos diferentes que dijeran Suzuki (4 perdimos la vergüenza y nos quitamos la camiseta). Claro que a Joselillo le tocó bajar hasta la tarima por su camiseta... que amigos! hah? jajaja. Así afianzó su fama de degenerado caminando sin camiseta por toda la discoteca delante de todo el país! (todo bien Joselillo! ). Camilo Z participó en un concurso de bebedores de cerveza (con vomitada y todo), Camilo D se ganó un tank bag bailando reggaeton (con Lina una vez más!), y no se que otro premio se me escapa... En la única categoría que no participamos fue en la de fuerza: mujeres que pulsaran: participó una gorda re-macha de Manizales... nada que hacer! Ganó la gorda... En medellín todas nuestras mujeres son femeninas y delicadas
 
Algo inesperado que nos llenó de orgullo fue la mención especial que hicieron a nuestro grupo por el compañerismo motero: haber ayudado al bogotano que se varó. Subió a la tarima y relató la experiencia. Contó con detalle su insuceso, y cómo detrás del primer paisa que se detuvo en un instante se detuvieron otras 30 motos al lado de la carretera (Touring Antioquia, el grupo paisa) para intentar ayudarlo. Esto nos valió el premio de 1 caja de cervezas! Las mismas que Joselillo intentara re-vender luego sin éxito (jaja, just kidding).
 
El balance de la farra fue bueno. Muchos premios para Touring Antioquia, el reconocimiento como el mejor grupo, muchas risas, gritos y bulla, para convertir la disfonía con que llegamos en una completa afonía!
 
Alrededor de las 02:00 en la madrugada del lunes nos retiramos de la discoteca para regresar al hotel, empacar y descansar alguito antes de emprender el regreso hacia nuestra bienamada Medellín.
 

Lunes, 26 de Junio de 2006
 
Tempranito estuvimos todos despiertos, a las 08:00 desayunando, medio trasnochados, algo cansados por las pocas horas de sueño en la noche anterior, por tan agitado fin de semana, con las manos llenas de premios, la mente llena de recuerdos y la ruta llena de nuevos amigos.
 
El camino hacia Medellín no tuvo mayores percances. El regreso fue por la vía panorámica, aunque no se en qué momento Andrés, Hertman, Joselillo, Tarqui (invitado de Bogotá) y yo nos separamos del grupo, y terminamos cogiendo la carretera por otro lado, conociendo! Anduvimos a un muy buen ritmo, y alcanzamos Cartago antes que los demás (que tuvieron que detenerse por un pinchazo en la moto de Jaime "Big Boy"). Mientras hacíamos una parada a refrescarnos, los demás nos alcanzaron, se tomaron un refresco con nosotros y seguimos nuestro camino, reagrupados... La ruta hasta Pipintá, donde almorzaríamos se hizo eterna! pero finalmente llegamos sin novedad.
 
En La Pintada tomamos la ruta por Bolombolo, y en las partidas hacia Jardín o Medellín de nuevo a Múnera le falló su moto... y nuevamente, Joselillo salvador fue el empujador para prenderla.
 
Con mucho cuidado transitamos por la hilera de autos que regresaba a Medellín después del puente festivo por la variante de Caldas, para después tomar la vía regional, y dirigirnos hacia nuestros hogares, para compartir todas las vivencias con nuestros seres queridos...
 
Fue un fin de semana que se queda sin adjetivos con que ser calificado. Muchos lazos de amistad se afianzaron, muchos otros nuevos se crearon y se demostró por qué Touring Antioquia es un grupo de lo mejor! Además, nuestro nombre quedó posicionado en todo el país...
 
Como mencion especial exalto la paciencia y resignación de las acompañantes, que a pesar del cansancio del viaje poco se quejaron (excepto la de Juan David "Prosonido" que se pasó para el carro acompañante! jaja, pobre). Gracias al carro que hizo los recorridos con nosotros, pues nos dió cierta sensación de seguridad y acompañamiento adicional.
 
Finalmente son muchos a quienes agradecer todas las experiencias, momentos y recuerdos gratos, en general a todo el grupo, ahora
 
Touring Antioquia!
 
May 22

Mayo 21 de 2006

"La muerte llama, uno a uno, a todos los hombres y a las mujeres todas, sin olvidarse de uno solo -¡Dios, qué fatal memoria!-, y los que por ahora vamos librando, saltando de bache en bache como mariposas o gacelas, jamás llegamos a creer que fuera con nosotros, algún día, su cruel designio."
            Camilo José Cela
May 02

Touring Weekend Medellín 2006

El fin de semana pasado (Abril 28-30) se llevó a cabo en la ciudad de Medellín la primera edición del encuentro internacional de motociclistas de alto cilindraje "Touring Weekend".
Contamos con la participación de pilotos de toda Colombia, así como representación de Alemania, Centroamérica, Ecuador, Perú y Venezuela.
 
El viernes 28 de abril los de Medellín estuvimos muy cumpliditos desde las 2 de la tarde para completar el proceso de inscripción y recibir las manillas y camisetas. Por la noche esperamos que se largara el agua para pensar en salir a dar la rodada por la ciudad que teníamos programada antes de ir a la respectiva rumba del viernes en Universal. Terminamos algo pasados por agua, pero bacano!
 
Para el sábado la hora de encuentro fue a las 10 am, con la salida programada para las 10:30, pero por inconvenientes de inundaciones en la vía regional y la calle Colombia, por donde teníamos pensado pasar, tuvimos que esperar a que se cuadrara una ruta alterna con las autoridades locales y salimos luego del medio día rumbo al Tunel de Occidente, el más largo de latinoamérica con más de 4 Km de recorrido. Tras sortear un par de derrumbes por la estabilización de la nueva carretera llegamos a nuestro destino alrededor de las 2 de la tarde: El parque los Tamarindos. Luego del almuerzo algo atrasado estuvimos pisciniando un rato, refrescándonos y reposando.
 
Después arrancamos hacia el Puente de Occidente, otra maravilla de la arquitectura en su época. Finalmente, después de las 5 de la tarde arribamos a la otrora capital antioqueña: Santa Fe de Antioquia. Estuvimos en el parque tomándonos el último refresquito antes de emprender el regreso a Medellín. Nuestra partida fue algo apurada por causa de una procesión que estaba por llegar al parque... y lo último que queríamos era quedar varados en medio de actos religiosos! jeje, pero bueno, logramos salir invictos del insuceso.
 
Todo muy bien en el camino de regreso. Se hizo de noche y nos encontramos con tremendo aguacero a la salida del tunel. No dio tiempo de nada... mojados otra vez hasta los calzoncillos...
 
Después de reponernos alguito de la emparamada, la rumba, que no puede faltar, fue en Mango's... Excelente espectáculo, excelente farra... Por fortuna la salida al otro día era más tardecito, porque sino nadie aguanta!
 
Finalmente el domingo, el último día de encuentro la reunión fue a las 11 am hora local, con una pequeña llovizna que al ratico se convirtió en aguacero. Luego de esperar a que escampara, arrancamos rumbo al oriente antioqueño.
 
Por la autopista chupamos alguito de agua, pero la emparamada tremenda fue cuando empezamos a bajar del alto. Un repentino aguacero con unas goteras que parecían piedras. Luego tomamos la vía al aeropuerto, pasamos por San Antonio de Pereira, La Ceja y finalmente llegamos al parque ecológico Los Salados, donde tuvimos el almuerzo, rifas y concursos. Se eligió la moto más equipada, la más antigua, la más nueva y se premió al mejor equilibrista en una prueba de agilidad.
 
Finalmente algo pasados por agua emprendimos el regreso a Medellín. Llegamos tempranito para organizarnos para salir al remate del Touring Weekend, en el parque lleras. Muchos bajaron directamente del parque al Lleras...
 
Luego de departir un rato con unos coctelitos en diversos bares del parque, la rumba de cierre fue en Folia Club. Nosotros los del club de Medellín estuvimos (por supuesto) en V.I.P.! jeje ;) Se hizo la entrega oficial de los premios, la rifa de dos cascos y la clausura del evento. Una rumba excelente igualmente para el cierre de un grán fin de semana.
 
El encuentro estuvo de locos! A pesar de ser la primera edición estuvo muy bien organizado. En total se inscribieron 198 motos. En las salidas a rodar por las carreteras antioqueñas es de resaltar que no tuvimos ningún accidente! Excelente la responsabilidad y mesura por parte de los pilotos.
 
Ahora, a cuadrar el encuentro Suzuki en Buga, y a esperar el Touring Weekend 2007!